¿Te pasa que tu hijo te sigue a todos lados, llora y patalea si no le atiendes, no quiere estar con otras personas, siempre quiere que lo alcen en brazos y que no te separes de él ni un minuto? Si es así, es que ¡tu hijo es un mamón!.

Es una fase…

Aunque es un término con una connotación negativa esto es un proceso natural que se da en los bebés entre los 10 y los 18 meses, cuando ya empiezan a ser más independientes y comienzan a estar más conscientes de su entorno. Esa “autonomía” y el descubrir cosas nuevas, les crea inseguridades, por lo que buscan protección de la figura más allegada a él: su mamá.

Esta es una fase normal de su desarrollo, pues está haciéndose consciente de que es un individuo distinto de su madre, y pasa una vez que el niño crece. Mientras tanto, él manifestará su frustración o necesidades a través del llanto, los gritos y los caprichos, por lo que será necesario tener mucha paciencia y comprensión mientras pasa esta etapa.

Durante esta fase, muchos padres experimentan emociones encontradas, por un lado la madre se siente culpable por necesitar espacio personal; mientras que el padre se siente excluido y rechazado por su hijo. En ambos casos, hay que ser pacientes y entender que es parte del proceso evolutivo del bebé, y que ellos no lo hacen de manera razonada.

¿Qué hacer?

Mientras pasamos por esta fase podemos hacer algunas cosas para colaborar en fortalecer la seguridad de los pequeños:

  • Buscar que sea capaz de estar con otras personas. Que aprenda a estar solo con papá o con abuelos. Al comienzo incentivarlo con actividades divertidas como jugar o leer cuentos y tras unos días hacer cosas más rutinarias.
  • Darle acompañamiento e irlo soltando: podemos empezar jugando con él con algo que sepamos que le gusta y le entretiene; luego, cuando ya esté entretenido, levantarnos y separarnos poco a poco, sin dejar de estar presente, hablándole.

Tips para sobrellevar esta fase

Para llevar mejor este proceso es vital entender que este proceso es algo natural, por lo que será simplemente cuestión de tiempo. Así que ármate de paciencia y concéntrate en darle amor a tu bebé. Los besos, abrazos y manifestaciones de cariño no lo malcriarán, ni lo harán más dependiente, por el contrario, el que reafirmes su autoestima y su seguridad permitirá que crezca más seguro de sí mismo y con más confianza. Recuerda que un fuerte vínculo afectivo entre la madre y el niño favorece su desarrollo para el resto de la vida.

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